No estás rota

Mujer.
No estás rota.
Créeme.
No lo estás.
.
Aunque no sientas deseo sexual a todas horas.
Aunque no disfrutes de la penetración.
Aunque prefieras un abrazo a un orgasmo.
No estás rota.
.
Lo que estás es cansada.
De una sexualidad patriarcal.
Que ignora tus verdaderas necesidades.
Tus deseos más profundos.
Que te embiste por detrás cual animal.
Que te azota como si hubieras sido mala.
.
Lo que estás es harta.
De la doble jornada laboral.
De trabajar fuera de casa.
Y también dentro.
.
De la precariedad.
De no llegar a fin de mes.
De no poder parar.
Porque siempre hay facturas que pagar.
.
De cuidar.
De cuidar a todo el mundo.
Menos a ti.
De la falta de tiempo.
Para descansar
Para pensar en ti.
Para mimarte.
Y también mirarte.
Frente al espejo.
Y es que ya hace tiempo que no te miras.
A los ojos.
Bien dentro.
Y te preguntas.
¿Qué quieres?
¿Qué quieres tú?
No qué quieren los demás de ti.
Qué esperan.
Ni qué desean.
Sino todo lo contrario.
Qué quieres tú.
Qué es lo que te enciende.
Lo que te inspira.
Lo que hace que te brillen los ojos.
Y tiemblen hasta las pestañas.
.
¿Lo sabes?
¿Te lo has preguntado alguna vez?
¿O quizás se te ha olvidado?
Después de tanto tiempo.
Tantos tengo que.
Tantos hay que.
.
Y es que así es fácil romperse.
Apagarse.
Y hasta perderse.
Así es fácil que desaparezcan las ganas.
El deseo.
E incluso el placer.
.
Pero no estás rota.
Nunca lo has estado.
Y nunca lo estarás.
Es el sistema el que está roto.
Podrido.
Viciado.
No tú.
Tú haces lo que puedes.
Con lo que te dan.
.
De hecho.
Déjame decirte.
Que lo estás haciendo muy bien.
Enhorabuena.
Has llegado hasta aquí.
Y eso no lo hace cualquiera.

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