Solo tenías que quedarte.
A mi lado.
Abrazarme.
Besarme en la frente.
Y acariciarme el pelo.

Solo tenías que permanecer ahí.
Por última vez.
Por primera vez.
Y susurrarme al oído eso que tardaste tanto en decir.

Y, al día siguiente,
a la mañana siguiente,
volver con tu familia.
Solo tenías que hacer eso.
Eso era todo lo que necesitaba.

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